16 sept. 2008

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SETENTA AÑOS DESPUES EL RÉGIMEN VUELVE A ILEGALIZAR A ANV



Según lo previsto, el Tribunal Supremo del régimen ha formalizado y puesto en escena la decisión adoptada hace meses de ilegalizar a ANV.

Al cabo de casi setenta años, el régimen surgido en 1939 vuelve a ilegalizar al histórico partido de la izquierda vasca y a adueñarse de sus bienes.

La razón aducida para ilegalizar a este partido, fundado en 1930 y miembro del Frente Popular que gobernó en 1936 y se enfrentó a la sublevación fascista, es ser continuador de Batasuna, creado a finales de los años setenta.

La acusación es tan absurda como la de rebelión que los tribunales de este mismo régimen imputaban a los militares y milicianos leales al gobierno legítimo que ellos mismos habían derrocado mediante una sublevación militar.

Naturalmente, y al igual que en aquellos juicios-farsa, no hay ninguna prueba de semejante absurdo. Y al igual que entonces, tampoco ahora son necesarias pruebas de ningún tipo. Se trata de la decisión de un régimen de esencia fascista contra una izquierda a la que no puede ni derrotar ni asimilar.

En cuanto a la reacción de las distintas facciones políticas del régimen, tanto los fascistas de estirpe que nunca han abandonado el poder como la gran “pocilga de corruptos” que les ayudan a gestionar los negocios “nacionales”, brincan de alegría ante tan democrático hecho. Las burguesías periféricas vasca y catalana se regocijan de que su Estado haya tomado esa decisión contra un destacamento que forma parte del enemigo de clase. La facción política que representa los intereses de la burguesía vasca se destaca por su colaboración entusiasta en la estrategia represiva del régimen, del que forman parte, contra la izquierda abertzale. Al fin y al cabo sus intereses son coincidentes con los de la oligarquía imperialista. La burguesía sí tiene conciencia de clase, y actúa en consecuencia.

En cuanto a la socialdemocracia rastrera y servil, a través de su portavoz, “frai” Gaspar Llamazares, acata la sentencia (faltaría más) y recrimina a la izquierda abertzale por no haberse rendido y vendido al régimen de la oligarquía como hicieron ellos hace muchos años.


Seguramente volverán a lanzar sus consignas de “defensa del Estado de Derecho” y de “unidad de los demócratas”, es decir, la unidad de los fascistas, la “pocilga de corruptos”, las burguesías periféricas y la socialdemocracia residual.

En la izquierda revolucionaria del resto del Estado sigue predominando la desorganización, la fragmentación y la división que conducen a la debilidad. Seguimos sin ser capaces de conformar un Frente unitario de izquierdas que se confronte con el enemigo común, el Estado de la burguesía y sea capaz de convertirse en la vanguardia de un gran movimiento de masas que derroque este régimen monárquico-franquista y comience a construir el socialismo.

Porque el enconamiento del régimen, la guerra sin cuartel del Estado de la burguesía contra la izquierda abertzale es sobre todo y ante todo una cuestión de clase. El régimen no puede permitir que exista en una parte del Estado una organización política bien organizada y potente que encabeza un amplio movimiento de masas y cuyo objetivo, además de la liberación nacional es acabar con el capitalismo e instaurar un sistema socialista. Es un ejemplo demasiado peligroso que podría extenderse.

La guerra del Estado contra la izquierda vasca es una guerra que también va dirigida contra nosotros.

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