16 dic. 2008

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Hoja de Formación Ideológica nº 5


El Partido.-

El Partido Comunista es el instrumento político de la clase obrera para llevar a cabo la revolución socialista. Sólo eso… y nada menos que eso.

...un Partido que, por una parte, esté vinculado a las masas, especialmente a la clase obrera, para poder cumplir su papel de vanguardia, y por otra, tener una estructura organizativa operativa y eficaz, tanto en situaciones de legalidad como de clandestinidad, de lucha más o menos pacífica como de guerra abierta contra la burguesía. En definitiva, un instrumento de la clase obrera capaz de convertirse en guía y dirigente de la Revolución Socialista.

Los primeros conceptos “marxistas”.-

K. Marx y F. Engels concibieron en un principio, de una forma puramente teórica puesto que no había una experiencia práctica anterior, al partido de los trabajadores como una organización de masas donde se agrupara el grueso del proletariado. Incluso planteaban el que los comunistas no debían formar un partido independiente del resto de los partidos obreros ya constituidos.

“Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra, en que en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto. Los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el que siempre impulsa adelante a todos los demás.” (Manifiesto Comunista).

En este párrafo, junto a su todavía inmadura concepción del Partido, se expresa con bastante claridad la esencia de lo que es el internacionalismo proletario, concepto sobre el que volveremos mas adelante.

El Partido de Vanguardia.-

Fue V.I. Lenin quien, basándose en las luchas proletarias que se habían producido en el mundo hasta entonces, llegó a la conclusión de que el proletariado en su conjunto, de una forma masiva, no podía adquirir una conciencia revolucionaria, mas allá de la puramente sindical o economicista, para plantearse como objetivo la construcción de la sociedad socialista.

Lenin vio con claridad la necesidad de organizar al sector más consciente de la clase obrera en un partido y que sería este sector la vanguardia que, aprovechando el descontento y la penuria general provocada por el capitalismo, guiaría al resto del proletariado hacia la revolución y la construcción del socialismo. Este es el partido de vanguardia, llamado también de nuevo tipo o leninista y es el único que ha sido capaz de llevar a cabo una revolución proletaria en el mundo.

El tipo de partido fue, en el tercer congreso del POSDR en 1903, el factor decisivo en la ruptura entre bolcheviques (comunistas) y mencheviques (socialdemócratas). Mientras los mencheviques sostenían que para pertenecer al partido solo era necesario estar de acuerdo con su programa, es decir, un partido de masas, Lenin y los bolcheviques defendían que para pertenecer al partido, además de apoyar su programa, también debía ser exigible el pago de una cuota, es decir, el sostenimiento económico del partido, así como la actividad militante dentro de una de sus organizaciones de base.

Características del Partido Comunista.-

El Partido debe adecuarse a las circunstancias sociales y políticas en las que se desenvuelve, pero debe mantener una serie de características comunes. Estas son algunas:
§ Estar dotado de la teoría revolucionaria del proletariado en nuestra época, el Marxismo-leninismo. Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario, decía Lenin. Y en efecto, sin una teoría verdaderamente revolucionaria cualquier insurrección o revuelta popular quedará en simple algarada y no supondrá ningún cambio en la sociedad.
Ejemplo de esto pueden ser la “revolución” mejicana o la nicaragüense, o las revueltas de mayo del 68. Incluso habiendo conquistado el poder político y militar, estas “revoluciones” no supusieron ningún cambio en la estructura social y económica. No disponían de un proyecto teórico revolucionario ni de un partido de vanguardia que lo pusiera en práctica.

§ Un Estado, un Partido. Siendo consecuentes con el Internacionalismo Proletario, que consiste en considerar que el proletariado, al igual que la burguesía, es una sola clase a nivel mundial, independientemente de su nacionalidad, y con la concepción clasista de la sociedad, consistente en considerar que la división fundamental de esta es en e dos clases sociales con intereses contrapuestos, el proletariado y la burguesía, el partido de la clase obrera, el Partido Comunista, debe organizarse en el marco en que se desarrolla la lucha de clases. Y esta lucha de clases se da en el ámbito geográfico y político del Estado.

Es decir, el proletariado y su vanguardia revolucionaria, el Partido Comunista, deben estructurarse al mismo nivel y en el mismo ámbito que el enemigo de clase, la burguesía, y esta lo hace en el marco de su Estado.

El Estado burgués, como sabemos, es el instrumento que tiene la burguesía para someter por la fuerza y explotar a los trabajadores. Los trabajadores sojuzgados y represaliados por ese órgano especial para el ejercicio de la violencia que es el Estado son TODOS aquellos que se encuentran dentro de su ámbito político, independientemente de su nacionalidad, sexo, edad u otras consideraciones.

Por lo tanto, el proletariado que vive y trabaja dentro de este ámbito estatal debe unirse y organizarse para defenderse de este Estado y combatir a la burguesía de la que es instrumento ese Estado. Su vanguardia, el Partido Comunista, como parte que es de ese proletariado, debe actuar de forma similar.

§ La Célula. La célula es la organización de base del Partido Comunista. Su composición debe ser reducida a fin de garantizar operatividad y agilidad tanto en la toma de decisiones y el debate como en la ejecución de las medidas adoptadas.

Pero la verdadera esencia de la célula es que, siempre que sea posible, deben crearse en los centros de trabajo o estudio. Esto garantiza una conexión de los comunistas con los trabajadores o los compañeros de estudio y actuar en función de los problemas de estos, es decir, permite una interrelación de los comunistas con los trabajadores allí donde se produce la lucha de clases en primera instancia.

§ El Centralismo Democrático. El centralismo democrático podría resumirse como la supeditación de la minoría a la mayoría y de los órganos inferiores a los superiores.

Es decir, por un lado, la más amplia democracia, ejercida desde la base a través del Congreso, máximo órgano del Partido, que elige al Comité Central, y las conferencias, que eligen a los comités territoriales, y al mismo tiempo, la supeditación de los órganos de ámbito y rango inferior a los de ámbito superior. Las fracciones organizadas están prohibidas.

Esto garantiza tanto el control democrático de los militantes comunistas sobre sus órganos de dirección como la unidad ideológica y de acción del Partido.

Queda garantizada la más amplia democracia en la adopción de la línea ideológica y política del Partido y en la elección de los órganos de dirección, pero al mismo tiempo la minoría debe aceptar como propios los acuerdos adoptados por la mayoría y actuar con una sola voz. Asimismo, los militantes deben acatar de forma disciplinada las decisiones de los órganos de dirección elegidos por ellos.

§ La disciplina consciente. Este es un tema relacionado con el centralismo democrático. El concepto de disciplina consciente nada tiene que ver con la disciplina arbitraria e injustificada propia de la sociedad burguesa. Pero tampoco se trata de una autodisciplina, es decir, una disciplina que solo se impone uno mismo.

Los comunistas asumen de forma consciente la disciplina impuesta por la mayoría y por los órganos de dirección. La asumen de forma racional porque saben que es imprescindible para un funcionamiento eficaz del Partido, para garantizar la unidad de acción de este, impidiendo que cada individuo o grupo actué solo cuando lo considere oportuno o esté de acuerdo con las medidas adoptadas.

§ La formación ideológica. La formación política e ideológica de los militantes comunistas es algo esencial. Todo militante tiene el derecho a ser formado por el Partido y el deber de adquirir una buena formación ideológica.

El comunista debe adquirir unos conocimientos suficientes sobre el Marxismo-leninismo, entendiendo esto no como la memorización de unos dogmas, si no comprendiendo el carácter científico del Marxismo-leninismo y considerando este como un instrumento para el análisis de la realidad concreta y como una guía para la acción. El militante comunista también debe esforzarse en adquirir conocimientos de cultura general que le ayuden en su misión revolucionaria. La ignorancia, si no se ha tenido la oportunidad de adquirir conocimientos, es una desgracia, y si se ha tenido esta oportunidad, es una vergüenza.

Pero el comunista sobre todo lo que debe es aprender a razonar por sí mismo, cuestionándoselo todo, estudiando y analizando directamente a los grandes teóricos del Marxismo-leninismo y desconfiando de “interpretaciones” que, en muchos casos, con la excusa de una supuesta “actualización” del marxismo, realmente lo que pretenden es una desvirtuación de este, escondiendo intereses de clase ajenos al proletariado.

En definitiva se trata de conseguir que los militantes del Partido Comunista no puedan ser manipulados por elementos oportunistas internos de la pequeña burguesía, como desgraciadamente ha ocurrido en multitud de ocasiones a lo largo de la historia del movimiento obrero.

§ Actuación en los movimientos de masas. Un partido verdaderamente revolucionario no puede pretender que solo mediante la participación en procesos electorales organizados por la burguesía, con todo el poder económico, político y mediático en sus manos y con la participación en las instituciones del Estado burgués se pueda transformar la sociedad, ni siquiera mínimamente. Esto, en el mejor de los casos, es una ingenuidad, y generalmente se trata de una simple y llana traición a los trabajadores. Estos partidos, aunque se denominen de “izquierdas” o incluso “comunistas” en realidad no son sino simples gestores o colaboradores de clase de la burguesía.

El Partido Comunista no debe tampoco renunciar por principio a la participación en las elecciones burguesas, pero debe considerar esto como una cuestión táctica, dependiendo de las circunstancias concretas de cada caso, y en cualquier caso debe utilizar esta participación en las elecciones y en las instituciones burguesas como un medio para difundir las ideas propias y de denuncia del sistema capitalista.

Pero lo que el Partido Comunista debe priorizar es su actuación en los movimientos de masas, muy especialmente en el movimiento obrero, puesto que es a la clase obrera a la que pertenece y de la que pretende ser vanguardia.

Un militante comunista tiene el deber de militar en los movimientos de masas y no debe comportarse como un simple afiliado, si no como un militante activo y aspirar a convertirse en un dirigente. Solo con la organización de la clase obrera y del pueblo y de su concienciación a través de la lucha de clases se podrá avanzar en la creación de las condiciones necesarias para llevar a cabo la Revolución Socialista.


Como hemos podido comprobar los conceptos organizativos y políticos del Marxismo-leninismo no son algo dogmático ni muchísimo menos, si no algo realmente racional y práctico. El objetivo es disponer de un Partido que, por una parte, esté vinculado a las masas, especialmente a la clase obrera, para poder cumplir su papel de vanguardia, y por otra, tener una estructura organizativa operativa y eficaz, tanto en situaciones de legalidad como de clandestinidad, de lucha más o menos pacífica como de guerra abierta contra la burguesía. En definitiva, un instrumento de la clase obrera capaz de convertirse en guía y dirigente de la Revolución Socialista.

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