16 may. 2009

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Euskal Komunistak ante la Huelga General del 21-M


Desde hace casi un año, los medios de comunicación repiten insistentemente una palabra: crisis. La crisis existe, como es obvio, pero como la realidad demuestra de forma tozuda, la crisis afecta de forma muy diferente a la burguesía y a los trabajadores. Aún con todo esto, no debemos olvidar lo más importante: que la crisis de los trabajadores no es algo coyuntural, sino natural bajo el capitalismo.

Desde que este sistema hizo aparición en la historia, cada día del año de la vida de los trabajadores es un ejemplo de crisis auténtica y lo cierto es que mientras los obreros estemos bajo el sistema capitalista, esta situación no cambiará. Esta afirmación no es ideológica ni gratuita, sino que puede encontrarse incluso en las cifras y números de las fuentes oficiales del gobierno. Por ejemplo, entre 1998 y 2008, años de bonanza económica, el poder adquisitivo de los trabajadores del Estado Español descendió en más de un 4%. Es decir, antes de la actual crisis financiera, la clase obrera, ya fuera con gobiernos del PSOE o del PP, ya vivía su particular tormento: el sistema capitalista.

Esta situación, por supuesto, ha empeorado de forma sustancial desde 2008. En el último año, 55.897 personas han perdido su puesto de trabajo en Hego Euskal Herria. Los jóvenes somos los que más sufrimos la crisis, habiendo aumentado en un 90% el número de desempleados respecto al año pasado.

El obrero es explotado, es alienado, empujado al consumismo y a la superficialidad, engañado por los medios de comunicación, encadenado a una hipoteca, oprimido por un Estado, censurado por un juez fascista y así podríamos continuar hasta rellenar cuadernos enteros.

La crisis actual comenzó con una espiral especulativa ligada al negocio de la construcción, provocando la creación de capital ficticio que no está respaldado por un valor real. Los grandes capitalistas se han encontrado con que en sus activos, el capital del que disponían no era más que una ilusión. En el momento en que esta burbuja estalla, la crisis se extiende rápidamente de la esfera financiera a la de la producción, resultando en la mayor avalancha de EREs de las últimas décadas.

Los despidos, además, se enmarcan dentro de una lógica siniestra, perfectamente diseñada, y que nos va a condenar a una situación crónica de bajos niveles de vida. Nos referimos a la compra masiva de nueva vivienda, a través de engañosos créditos baratos pero de larga duración. Una vez fue imposible mantener los niveles de venta de inmuebles, se pasó al siguiente peldaño: la subida de los intereses por los créditos ya adquiridos.

Los trabajadores caímos en la trampa del capital financiero, cuyo único objetivo es exprimirnos al máximo como trabajadores.

Para solucionar esta crisis hay dos opciones, la primera es entregar miles de millones a bancos y multinacionales, que salen de nuestros impuestos, de nuestro sudor y de nuestro esfuerzo. De esta forma, el capitalismo se recompondría, aunque bajo condiciones tremendamente perjudiciales para la clase obrera. En este sentido, el último año ha sido muy fructífero en cuanto a propuestas disparatadas, como la semana laboral de 65 horas. Sólo a través de la lucha podemos evitar que el capitalismo se reestructure e imponga sus condiciones.

La segunda opción es la apuesta por el cambio verdadero, es la apuesta por los intereses de los trabajadores, poniendo en nuestra lucha desde este mismo momento el horizonte del socialismo. Ésta es la única vía para que la resolución de la crisis traiga beneficios a los trabajadores.

Esta alternativa se concreta en medidas como la socialización de la banca, del sector energético, de los transportes, de la sanidad y educación privada, así como la socialización de empresas y fabricas. En el aspecto político, apostamos por una democratización completa, cuya base sea la participación directa del pueblo trabajador en la toma de decisiones. Esta es la solución que debemos exigir y es la solución que no van a llevar a cabo los partidos políticos socialdemócratas.

Las medidas tomadas por la patronal y respaldadas por los principales partidos y los sindicatos amarillos nos condenan a tener que soportar los despidos, la precariedad y el paro, porque según nos cuentan, los trabajadores somos un costo y hay que ahorrar costos. Pues debemos decirles bien alto y bien claro que no somos un costo, que no somos una carga, que somos trabajadores, somos la clase trabajadora y somos los que mantenemos en pie la sociedad y a todos los parásitos como ellos.

Y no sólo eso, debemos gritar que estamos hartos de ser los oprimidos y que hay un sector importante de la clase obrera que es consciente de que la lucha de clases sigue vigente y no se rendirá nunca.

En este sentido, como vascos y como comunistas, nos parece vergonzosa la actitud del PCE-EPK, que en los últimos días ha dado a conocer su boicot a la huelga general del 21 de mayo. Ningún comunista coherente puede afirmar bajo ningún pretexto que hoy que no hay razones para la huelga general.

De hecho, creemos firmemente que los trabajadores tienen la legitimidad para defenderse utilizando todas las herramientas de las que dispongan, desde concentraciones en el centro de trabajo hasta cortes de carreteras, sabotajes o encierros.

No nos arrodillamos ante nadie y así quedará demostrado el día 21 de mayo, desde Euskal Komunistak y Gazte Komunisten Kolektiboak compartimos el llamamiento a toda la clase obrera vasca para que, independientemente de su opción sindical, el día 21 de Mayo se convierta en una jornada de lucha, o lo que es igual, en una jornada de huelga general.

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