4 jun. 2009

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Los marxistas-leninistas ante la cuestión del voto


Nunca vamos a subordinar la lucha de clases a una cita electoral en la que la burguesía se redistribuye el poder.

Diego Farpón, militante de los CJC

La cuestión del voto útil tiene, al menos, dos perspectivas. Una, la nuestra, la marxista-leninista. Otra, la habitual cada día, desde la perspectiva burguesa. Es, naturalmente, esta la más habitual.

El voto útil normalmente se reclama y se justifica desde la sumisión a la ideología burguesa. Voto útil para reforzar el bipartidismo. Voto útil, que es voto a quien puede ganar: voto a los de siempre, a quienes no cambiaron nada, a quienes no cambiarán nada.

El voto útil en la sociedad burguesa sólo puede ser uno: el voto que refuerza esa misma sociedad burguesa, el voto que supone continuismo. Aplicando términos marxistas: el voto útil, como concepción ideológica y por tanto elemento perteneciente a la superestructura, está determinado por la estructura y sirve, por ello, para reforzar a la misma.

Por supuesto, desde postulados que pudieran parecer revolucionarios también se puede pedir el voto útil, desde las posturas izquierdistas a las socialdemócratas. Su esencia, sin embargo, no deja de ser la misma que ya hemos explicado: la sumisión a la ideología dominante. Es la creencia de la transformación desde las instituciones, creyendo en el poder político de forma romántica y sin saber o sin querer saber los múltiples poderes que actúan sobre este.

Es la promesa del cambio que no llegará, porque los cambios son obra del pueblo y puede que se reflejen en las instituciones, pero no serán estas las que cambien y produzcan un efecto en el pueblo, pues el poder institucional no puede obviar el nivel de conciencia de la clase trabajadora, y sólo elevando este será posible su emancipación.

Entre la postura socialdemócrata o izquierdista y la puramente burguesa naturalmente hay matices: mientras la postura burguesa perpetúa incondicionalmente el poder establecido, la concepción izquierdista, de alguna forma, intenta oponerse a él. No decimos que sean lo mismo: decimos que ambos se enmarcan dentro de la lógica del sistema.

Cuál es, entonces, la postura de los marxistas-leninistas: el voto como proceso de acumulación de fuerzas. Nosotros nunca vamos a dejar de hacer un acto antirracista, con inmigrantes, aunque estos ni siquiera tengan derecho al voto, por trabajar una cita electoral durante esos días.

Tampoco vamos a dejar de estar junto al estudiantado en sus luchas: en su organización, en sus manifestaciones, en sus justas reivindicaciones, aunque estos no tengan la edad exigida para votar, aun cuando esto suponga no hacer campaña electoral. Ni vamos, por supuesto, a dejar de estar en un piquete, en un encierro, por echar una papeleta. Nunca vamos a subordinar la lucha de clases a una cita electoral en la que la burguesía se redistribuye el poder.

Nosotros aprovecharemos las elecciones para transmitir nuestro programa, para llevarlo entre los sectores populares y la juventud. Pero no será para pedirles el voto: será para enseñarles nuestras reivindicaciones y propuestas, para decirles que si están de acuerdo con ellas militen en el Partido el día después de las elecciones.

Por supuesto, aunque no seamos electoralistas participamos de las elecciones, para luchar en este campo también contra la burguesía y para, especialmente en estos tiempos de crisis, enfrentar al fascismo, denunciar sus propuestas y combatirlo para que no avance, igual que lo combatimos cada día en cada rincón.

Naturalmente, las elecciones nos importan: muestran un apoyo concreto en un momento determinado, y es algo que se debe valorar, pues hemos de conocer nuestro alcance social ya que no todos aquellos que nos apoyan van a militar en nuestra organización. Además, sirve para situar nuevos retos: si en un pueblo hubo ciertos votos habrá que ir allá a organizar el Partido. De todas formas las elecciones no dejan de ser, casi casi, anecdóticas, pues los planteamientos revolucionarios no van a modificar la táctica por un puñado mayor o menor de votos.

Este es el único voto útil para los marxistas-leninistas, el voto que representa el compromiso de las clases populares y el mayor nivel de conciencia de la clase trabajadora y la juventud, el voto que ve la representación institucional como un instrumento y no como un fin a alcanzar de cualquier manera y a cualquier precio.

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