9 jul. 2009

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Discurso de Gyula Thürmer, presidente del Munkáspárt


¡Compañeros!


¡Amigos!

Las generaciones van y vienen pero no olvidamos el nombre de János Kádár. Hoy ya conocemos mejor su vida. A 20 años de distancia también podemos valorar de una manera diferenciada su trabajo. Nuestras concepciones cambian en muchos sentidos, muchas cosas las vemos de otra forma. Pero la esencia, la esencia no varía. János Kádár es la encarnación y el símbolo del Socialismo húngaro del siglo XX.

Sin János Kádár no se podría comprender el Socialismo húngaro, como mismo los resultados del Socialismo húngaro constituyen el valor de la obra de Kádár. En Hungría no hubo sólo una idea, un sueño sino una realidad social, política y económica. Nosotros no negamos a János Kádár. Nosotros pasamos la herencia del Socialismo húngaro del siglo XX a las nuevas generaciones de revolucionarios como un tesoro preciado del movimiento obrero.

¡Amigos! ¡Compañeros de lucha!

Hace 20 años se deshizo el sueño. Hace 20 años triunfó en Hungría el Capitalismo. Yo pregunto: ¿Quien es el responsable de que hayan sacado al obrero, al campesino, al trabajador del Parlamento? ¿Quien es el responsable de que los señores abogados, artistas y políticos hayan tomado su lugar?

¿Quién es el responsable? Se los digo. Los responsables son los dirigentes del MSZMP en aquellos momentos. Aquellos que olvidaron rápidamente la fábrica de donde procedían. Se olvidaron del obrero que los llevó a ellos al poder. Aquellos dirigentes partidistas que no educaron a sus hijos en la lucha de clases sino en el disfrute de la buena vida, a sus hijos, que ya nacieron conociendo lo bueno. Al obrero ya lo despreciaban, lo escupían y, al final, terminaron por traicionarlo. Esos son los responsables de haber instaurado hace 20 años “el sistema multipartidista constitucional” mientras desbarataban la organización del proletariado: el partido comunista. Quienes predicaban sobre la “transición de la economía deficitaria a la economía de mercado” se llevaron, entre tanto, los bienes de las empresas, lo mejor de las cooperativas.

Ese grupo es la vergüenza del Socialismo, la inmundicia de una sociedad honrada. Da igual por qué lo hicieron. Por dinero, por traición, por debilidad, por pusilánimes o por estúpidos. El resultado es el mismo.

¿Quién es el responsable? Sí. Es responsable la dirigencia de la URSS en aquella época, los Gorbachov, los Jakovlev, los Shevarnadze y otros. Aquellos que entregaron Europa del este al Occidente capitalista. Entregaron todo aquello por lo que perdieron la vida 20 millones de soviéticos a cambio de su propia felicidad, de su supervivencia.

¿Quién es el responsable? Son responsables los capitalistas extranjeros, los estadounidenses, los alemanes. Aquellos que metieron al país en la trampa del endeudamiento y no lo dejan salir de ella hasta el día de hoy. Aquellos que quisieron convertirnos, y convirtieron a Hungría en una colonia con la consigna de la libertad.

¿Quién es el responsable? Si, los opositores de aquella época. La mayoría de los cuales disfrutaba de un cómodo empleo en el Socialismo. Aquellos que tenían una existencia burguesa buenísima pero querían más. Lo querían todo: riquezas, poder, nuestras vidas. Son responsables quienes se pasaron 40 años dándole a la lengua pero nunca construyeron un puente, una casa, una fabrica en toda su vida.

Y, ya que estamos hablando de puentes: en 1945 los fascistas volaron todos los puentes de Budapest y el Socialismo los reconstruyó todos en 2 décadas. Los de ahora no son capaces no digo ya construir sino de reparar siquiera 2 puentes.

¿Seguimos buscando a los culpables? Hay, más mis amigos. Nosotros mismos. Nos dejamos engañar. Dejamos que dijeran que no existen enemigos de clase, sino socios. Dejamos que los círculos reformistas destruyeran el partido. Dejamos que desarmaran a las milicias obreras. Esperamos las órdenes de otros cuando éramos nosotros quienes debimos actuar.

Nosotros, los que estamos aquí, lo comprendemos. Hemos pagado un precio amargo por ello, pero lo entendemos. Pero quedan aun miles de errabundos. Son quienes desde hace dos décadas se engañan a sí mismos con que aquello de que “no fueron ellos quienes dejaron el partido sino el partido quien les dejó” a ellos. Aquellos que creen desde hace 20 años que el MSZP es el mal menor. Quienes han llevado al poder una y otra vez desde hace 20 años la falsa política de izquierda del MSZP.

¡Compañeros!

No nosotros no queríamos el cambio de sistema, el Capitalismo, no lo hicimos nosotros. El país no lo vendimos nosotros, no lo empobrecimos nosotros, no lo llevamos a la crisis.

En cambio, somos nosotros quienes tenemos que luchar para buscar la salida. Tenemos que luchar si queremos vivir mejor, si queremos recuperar algo de lo que nos quitaron hace 20 años.

Hace 20 años enterramos a János Kádár pero no enterramos el Socialismo. Nuestro presente es el Capitalismo pero nuestro futuro es el Socialismo. La sociedad que da al hombre trabajo, sustento y un futuro digno no puede ser mala. Nosotros no queremos traer de vuelta el Socialismo del siglo XX, sino crear el Socialismo del siglo XX. Un país cuya suerte se decida en las ciudades y aldeas húngaras y no en Washington o Bruselas. Ni en Moscú, ni tampoco en Pekín. Un país donde la fabrica, la tierra, el banco sea de la mayoría y no de varios miles de capitalistas. Un país donde el hombre sea el valor y no el dinero. Un país donde la fuente del bienestar la constituya el trabajo y no la explotación de los demás. Una sociedad donde no sean uno o dos partidos los que tomen las decisiones sino los propios hombres.

Ese es nuestro mañana pero tenemos que llegar hasta allí. Actualmente la incertidumbre y el temor embarga a los hombres de izquierda: ¿qué pasará mañana? ¿Qué pasará tras las elecciones parlamentarias? ¿Qué pasará si vienen la Fidesz y Jobbik?

El congreso del MSZP no hizo avanzar a Hungría un solo centímetro. Es más, se ha desvanecido un mito, la gran esperanza de que vinieran los jóvenes del MSZP a salvar al mundo. No. En el congreso surgió un acuerdo: los jóvenes tecnócratas sin principios, que ya aprendieron a robar desde jóvenes, ahora se alían con los ladrones políticos y económicos de 1990 para llevarse en medio año lo que aun pueda quedar.

Lo malo no es que se desmorone el MSZP. Que se pudran, pues se lo merecen. Desde hace dos decenios roban, se reparten los cargos, viven la buena vida, se lo merecen. Lo malo es que nos deja aquí el Capitalismo. Nos dejan un país al que se le puede colgar el letrero de: "VENDIDO”.

Un país que, en dos décadas logró retroceder al sistema de Horthy y convertirse nuevamente en un país de 3 millones de mendigos. Un país donde 1 millón de personas vive bien y puede hacerlo porque hay 9 millones que viven mal. Un país donde no hay un orden elemental. Un país donde las ambulancias van a 6 hospitales para que atiendan a un enfermo y sólo el sexto lo acepta pero para entonces ya está muerto.

El obrero húngaro no pierde nada con el fracaso del MSZP, ni tampoco gana nada con la victoria de la Fidesz. El cambio de gobierno sólo representaría una oportunidad para él si logra que el Munkáspárt entre en el Parlamento. Sin el Munkáspárt, no habrá nadie allí que le recuerde a la Fidesz sus promesas. Nadie le llamará la atención a la Fidesz si ésta también inclina la cerviz ante los señores del FMI.

Hoy el Capitalismo está en crisis. La va a resolver de una manera o de otra. Pero no es indiferente quien paga el precio. Ahora pagas tú. El cambio del impuesto por ingresos personales hecho por el gobierno Bajnai es malo para los pobres, los ricos se lo tragan. El aumento del IVA, del precio de la gasolina, la inflación nos vacía las carteras. Es decir, tú pagas.

Ahora no hay que ponerse a llorar porque aquí están la Fidesz y Jobbik. ¡Hay que actuar contra eso! No hay que quedarse en casa el día de las elecciones; hay que ir a votar. No hay que votar por todo tipo de falsos partidos sino por el Munkáspárt que lleva 20 años al lado del obrero.

¡Compañeros de lucha!

Seremos duros, decididos, radicales. Contra el Capitalismo, somos nosotros quienes tenemos que luchar porque otros no lo harán.

Nosotros no buscamos popularidad barata y peligrosa a partir del antisemitismo. Sabemos que en Hungría muchos culpan a los judíos de su pobreza. Nosotros no vamos por ese camino. Rechazamos y condenamos todo tipo de discriminación racial. Queremos acabar con la miseria, con el desempleo, con la servidumbre.

Sabemos que muchos miran con malos ojos a los gitanos. No aceptan que mientras ellos trabajan por un salario mínimo, muchos gitanos reciben más dinero como ayudas. Y tienen razón. A los gitanos no hay que darles ayudas. Sino trabajo, empleo, escuelas.

La miseria, la servidumbre, el antisemitismo y el odio a los gitanos tienen una misma causa: el Capitalismo. Nosotros luchamos contra el capital y mañana también seguiremos luchando.

Vamos a luchar para que no vendan los Ferrocarriles Húngaros, no vayan a manos privadas los castillos históricos y, sobre todo, para que la tierra cultivable húngara no vaya a manos extranjeras. Vamos a luchar para que no descarguen sobre nuestras espaldas el peso de la crisis.

¡Compañeros!

Este año el Munkáspárt celebrará su 20 cumpleaños. En ese entonces no todos pensaban que lo lograríamos. Pero lo hicimos. Estamos vivos, a pesar de las dificultades, lo estamos. Y eso es lo más importante. En las últimas elecciones avanzamos un poquito con respecto a las de 2006. No mucho pero avanzamos.

Avanzamos aunque nos llevaron a juicio. Avanzamos aunque nos silenciaron, como si no existiéramos. Pero no pudieron con nosotros. Ganamos el juicio. Nos recuperamos y nos presentamos a las elecciones. Aquí están nuestros jóvenes, que cada vez participan más en nuestra vida.

Nuestros adversarios esperan que nos entreguemos. Confían en que no podremos reunir las cédulas necesarias. Esperan que el partido comunista desaparezca de una vez y por todas. Pueden venir los falsos comunistas, la nueva izquierda, la izquierda verde, los comunistas unidos, y todos los demás.

Demostremos que no se nos puede vencer. Demostremos que no se nos puede arrebatar nuestro lugar.

Demostremos que somos los nietos de János Kádár, la nueva generación de revolucionarios.

¡Adelante, camisas rojas! ¡Adelante proletarios!

¡Viva el partido!


¡Vivan los obreros húngaros!


¡Viva el Socialismo!


¡Viva Hungría!

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