21 sept. 2009

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Mentiras sobre la historia de la Unión Soviética (IV y final)


Las mentiras sobre la URSS: Un breve debate sobre los informes de los investigadores.

Las investigaciones de los historiadores rusos revelan una realidad totalmente diferente de la que ha sido enseñada en las escuelas y Universidades del mundo capitalista durante los últimos 50 años.

Durante esos años de guerra fría fueron varias las generaciones que aprendieron mentiras sobre la Unión Soviética y esto ha dejado huellas profundas en muchas personas. Este hecho constatado también se verifica en los informes de los investigadores franceses y norteamericanos.

Estos informes nos entregan cifras y tablas con estadísticas sobre presos y muertos, discutiéndose esas cifras en un trabajo de gran amplitud, pero lo principal y más importante, los crímenes cometidos por los presos ¡nunca es tema de discusión seria!

La propaganda política de los capitalistas siempre se ha referido a los presos en la URSS como víctimas y los investigadores utilizan este término sin poner en cuestión su veracidad.

Cuando los investigadores pasan de las estadísticas a los comentarios sobre los acontecimientos, salen a relucir las concepciones burguesas y el resultado es a veces macabro. Los condenados en el sistema correccional soviético son asesinos, violadores, etc. Delincuentes de este tipo nunca serían tratados como víctimas en la prensa si los crímenes hubiesen sido cometidos en Europa o en los EEUU, pero como los crímenes fueron cometidos en la URSS todo es posible.

Llamar víctima a un asesino o violador reincidente en estos delitos es muy sucio. Tomar posición por la justicia soviética en lo que respecta a los delincuentes comunes condenados por crímenes violentos debería ser evidente, si no en el tipo de pena, por lo menos en lo referente a condenar el crimen.

Los Kulaks y la contrarrevolución.

En lo que respecta a los contrarrevolucionarios es también importante discutir acerca de los crímenes por los cuales fueron acusados. Tomemos dos ejemplos para mostrar el fondo de la cuestión.

En primer lugar los Kulaks condenados a comienzos de la década de los años 30 y después los conjurados y contrarrevolucionarios condenados en 1936 a 1938.

Según los informes publicados sobre los Kulaks (campesinos ricos), fueron 381.000 familias, o sea, cerca de 1,8 millones de personas condenadas al exilio. Una pequeña parte de estas fueron personas condenadas a penas en los campos y colonias de trabajo. Pero ¿Cuál fue la causa de las condenas de esos Kulaks?

El campesino rico sometió a los campesinos pobres durante centenas de años a una opresión sin límites y a una explotación sin consideraciones. De los 120 millones de campesinos en 1927, vivían 10 millones de Kulaks en la abundancia y 110 millones en la pobreza, en la más completa miseria antes de la revolución.

La riqueza de los Kulakos venía del trabajo mal pagado a los campesinos pobres. Cuando los campesinos pobres comenzaron a organizarse en colectivos agrícolas desapareció así la principal fuente de riqueza de los Kulaks. Pero los Kulaks no desistieron en sus intentos de retomar la explotación a través del hambre.

Grupos de Kulaks armados atacaban los colectivos agrícolas, mataban campesinos pobres y funcionarios del partido, prendían fuego a los sembrados mataban los animales de trabajo y provocando el hambre entre los campesinos pobres, intentaban asegurar la continuación de la pobreza y de sus posiciones de poder.

Los acontecimientos que se sucedieron no fueron los que los asesinos habían pensado. Esta vez los campesinos pobres eran apoyados por la revolución y eran más fuertes que los Kulaks que fueron derrotados, presos y condenados al exilio o a penas en los campos de trabajo.

De los 10 millones de Kulaks, 1,8 millones fueron condenados. Hubo tal vez injusticias en esta enorme lucha de clases que incluyó a 120 millones de personas en el campo soviético. Pero ¿podemos acusar a los pobres y oprimidos en su lucha por una vida que valga la pena de vivir? ¿Podemos acusarlos de no ser civilizados o no tener clemencia en sus juicios durante su lucha para que sus hijos no fuesen analfabetos con hambre? ¿Acaso se puede acusar de ser no ser civilizados a los que durante centenas de años nunca tuvieron acceso a los avances de la civilización?

Y digamos ¿Cuándo fue la clase explotadora de los Kulaks civilizada o clemente para con los campesinos pobres durante los años de la explotación?

Las depuraciones de 1937.

Nuestro segundo ejemplo, sobre los contrarrevolucionarios condenados en los juicios de 1936 al 38 después de las depuraciones en el partido, en el ejército y en el aparato estatal, tiene raíces en la historia del movimiento revolucionario en Rusia.

Millones de personas participaron en la lucha victoriosa en contra del Zar y la burguesía rusa, ingresando muchos de ellos al partido comunista. Entre todas esas personas estaban desgraciadamente los que habían ingresado al partido por razones que no eran la lucha por el poder proletario y por el socialismo. Pero la lucha de clases era tal que muchas veces no había tiempo ni posibilidades para poner a prueba los militantes. Hasta los mismos militantes de otros partidos que se decían socialistas y que habían combatido al partido bolchevique fueron aceptados en el partido comunista.

A una parte de esos nuevos militantes fueron otorgados puestos importantes en el partido bolchevique, en el Estado y en el Ejército, dependiendo todo de sus capacidades individuales para conducir la lucha de clases.

Eran tiempos muy difíciles para el joven Estado soviético y la gran falta de cuadros o simplemente de personas que supiesen leer, obligaba al partido a no poner grandes exigencias en lo que respecta a las cualidades de los nuevos militantes y cuadros.

De todos estos problemas se creó con el tiempo una contradicción que dividió al partido en dos campos.

Por un lado los que querían avanzar en la lucha por la sociedad socialista y por otro lado, los que consideraban que aún no había condiciones para realizar el socialismo y que propugnaban una política socialdemócrata.

El origen de estas últimas ideas venía de Trotsky que había entrado al partido comunista en julio de 1917.

Trotsky fue con el tiempo obteniendo apoyo de algunos de los bolcheviques más conocidos.

Esta Oposición Unida en contra de los ideales bolcheviques originales, era una de las oposiciones en las votaciones partidarias sobre la política a seguir por el partido y realizada el 27 de diciembre de 1927.

Antes de esta votación se había llevado a cabo durante varios años una gran discusión partidaria y no hay duda sobre el resultado. De los 725.000 votos, la oposición solo consiguió 6.000, o sea, menos del 1% de los militantes del partido apoyaron a la Oposición Unida.

A consecuencia de la votación y una vez que la oposición trabajaba por una política diferente en el partido, el Comité Central del partido comunista decidió expulsar del partido a los principales dirigentes de la oposición. La persona principal de esta oposición -Trotsky- fue expulsado de la URSS.

Pero la historia de la oposición no terminó aquí. Zinoviev, Kamenev y Edokinov hicieron poco después una autocrítica al igual que varios de los principales trotskistas como por ejemplo: Pjatakov, Radek, Preobrajenski y Smirnof. Todos ellos fueron nuevamente aceptados como militantes del partido y recuperaron sus trabajos en el partido y en el Estado.

Con el tiempo se descubrió que la autocrítica de la oposición no era una expresión sincera, estando los principales miembros de la Oposición Unida al lado de la contrarrevolución cada vez que la lucha de clases se agudizaba en la URSS.

La mayoría de los opositores fueron expulsados y readmitidos más de una vez antes que la decisión final fue tomada en 1937 y 1938.

Sabotaje industrial.

El asesinato de Kirov, presidente del partido en Leningrado y una de las personas más importantes del Comité Central (en diciembre de 1934), dio origen al descubrimiento de una organización secreta que preparaba una conspiración para tomar cargos de dirección en el partido y el gobierno del país a través de acciones violentas.

La lucha política que habían perdido en 1927 querían ahora ganar por medio de la violencia organizada en contra del Estado. La organización tenía una red de apoyo en el partido, en el ejército y en el aparato estatal en todo el país, siendo las actividades más importantes el sabotaje industrial, el terrorismo y la corrupción.

Trotsky, el principal inspirador de la oposición dirigía las actividades desde el extranjero.
El sabotaje industrial causaba una pérdida terrible para el Estado soviético con un costo económico enorme como por ejemplo, para las máquinas importadas que se estropeaban sin posibilidades de reparación y una enorme baja de la productividad de las minas y las fábricas.

Una de las personas que en 1939 descubrieron el problema fue el ingeniero norteamericano John
Littlepage, uno de los especialistas extranjeros contratados por la URSS.

Littlepage trabajó 10 años (1927 a 1937) en la industria minera soviética, principalmente en las minas de oro. En su libro “In search of soviet gold” (En la búsqueda del oro soviético) escribe: ”Yo nunca tuve interés por las sutilidades y las maniobras políticas en Rusia en cuanto podía evitarlas, pero yo tuve que estudiar lo que acontecía en la industria soviética para poder hacer un buen trabajo. Yo estoy completamente convencido de que a Stalin y sus colaboradores les llevó mucho tiempo descubrir que comunistas revolucionarios descontentos eran sus enemigos más peligrosos”.

Littlepage escribió también que su propia experiencia confirmaba las declaraciones oficiales de que una conspiración conducida desde el exterior usaba el sabotaje industrial a gran escala como parte de un proceso para hacer caer al gobierno. Ya en 1931 Littlepage había sido obligado a constatar eso durante un trabajo en las minas de cobre y plomo en los Urales y en Kazakstán. Las minas eran una parte del gran complejo de Cobre-Plomo cuyo jefe máximo era Pjatakov, el Vice-Comisario del Pueblo para la industria pesada.

El estado de las minas era catastrófico en lo que respecta a la producción y el bienestar de los trabajadores.

La conclusión de Littlepage fue que había un sabotaje organizado proveniente de la dirección superior del complejo de Cobre-Plomo.

El libro de John Littlepage nos da también la llave del conocimiento de dónde la oposición trotskista recibía dinero necesario para pagar la actividad contrarrevolucionaria. Varios miembros de la oposición secreta utilizaban sus puestos en la URSS para aprobar la compra de máquinas de ciertas fábricas en el extranjero. Los productos aprobados eran de baja calidad, pero eran pagados por el gobierno soviético a precios más altos. La diferencia económica que estas transacciones dejaban eran enviadas por las fábricas extranjeras a las organizaciones trotskistas en el extranjero a cambio de que Trotsky y sus acólitos conjurados en la URSS continuaran haciendo más compras en esas mismas fábricas.

Robo y corrupción.

Este procedimiento constató Littlepage en Berlin en la primavera de 1931 cuando la compra de ascensores industriales para las minas. La delegación soviética era dirigida por Pjatakov, siendo
Littlepage el especialista encargado de verificar y aprobar la compra. Littlepage descubrió el fraude con los ascensores de mala calidad, inútiles en la URSS, pero cuando comunicó el hecho a Pjatakov y a los otros miembros de la delegación soviética fue recibido de una manera fría y con exigencias de que aprobase la compra de los ascensores. Littlepage no la aprobó y pensó de que se trataba de una corrupción personal y que los participantes de la delegación recibían sobornos de la fábrica de ascensores. Pero Pjatakov confesó después en el juicio de 1937 su ligazón con la oposición trotskista y Littlepage fue obligado a constatar que lo que él había observado en Berlín era mucho más que una corrupción a nivel personal. El dinero era destinado al pago de las actividades de la oposición secreta en la URSS, actividades que comprendían el sabotaje, el terrorismo, los sobornos y la propaganda.

Zinoviev, Kamanev, Pjatakov, Radek, Smirnof, Tomski, Bujarin y otros tan queridos en la prensa occidental burguesa, utilizaban los puestos que el pueblo soviético y el partido les había otorgado para robar dinero al Estado y para ser utilizado por los enemigos del socialismo en el extranjero para sabotear y el combatir la sociedad socialista en la URSS.

Planes para un golpe de Estado.

El tipo de delito como el robo, el sabotaje y la corrupción es un delito grave, pero las actividades de la oposición irían mucho más lejos.

La conspiración contrarrevolucionaria se preparaba para tomar el poder con un golpe de Estado en que toda la dirección soviética sería eliminada comenzando por el asesinato de las personas más importantes del Comité Central del partido comunista.

La parte militar del golpe de Estado sería realizada por un grupo de generales encabezados por el Mariscal Toukhatchevski.

Según Isaak Deutsher, el trotskista que escribió muchos libros contra Stalin y la URSS, el golpe de Estado iba a ser iniciado con una operación militar contra el Kremlin y contra las tropas más importantes en las grandes ciudades como Moscú y Leningrado. La conspiración era dirigida por Toukhatchevski en conjunto con Gamarnik, Jefe de los Comisarios Políticos del Ejército; el general Iakir, Comandante de la Plaza de Leningrado; el general Ouborevitch, Comandante de la Academia Militar de Moscú y el general Primakov, uno de los jefes de la caballería.

El Mariscal Toukhatchevski era un antiguo oficial del Ejército zarista que después de la revolución se había pasado al Ejército Rojo.

En 1930, cerca del 10% de los oficiales, o sea, 4500 eran antiguos oficiales del ejército zarista. Muchos de aquellos oficiales nunca habían dejados sus posiciones burguesas y esperaban en silencio una oportunidad para pelear por ellas. La oportunidad se presentó cuando la oposición se preparaba para dar el golpe de Estado.

Los bolcheviques eran fuertes, pero los conspiradores civiles y militares trataron de captar poderosos amigos. Según la confesión de Bujarín en el juicio público en 1938, existía un acuerdo hecho entre la oposición trotskista y la Alemania nazi en la cual grandes regiones -entre ellas Ucrania- serían entregadas a Alemania nazi después del golpe de Estado contrarrevolucionario en la Unión Soviética.

Este era el pago exigido por Alemania nazi por el apoyo prometido a los contrarrevolucionarios. Bujarín había sido informado de este acuerdo por Radek que sobre la cuestión había recibido una directiva de Trotsky.

Todos esos conspiradores que habían sido elegidos para puestos altos para dirigir, administrar y defender la sociedad socialista, trataban en realidad de destruir el socialismo.

Es preciso esclarecer que todo esto pasó en el decenio de los años 30 cuando el peligro nazi crecía sin parar y los ejércitos nazistas ponían a Europa en la hoguera y preparaban la invasión de la URSS.

Los conspiradores fueron condenados a muerte como traidores en un juicio público. Los acusados de sabotaje, terrorismo, corrupción, intento de asesinato y los que querían entregar una parte del país, no podían esperar otro fin. Llamarlos víctimas es un error total.

Mas cifras falsas.

Es interesante saber como la propaganda occidental a través de Robert Conquest ha mentido sobre las depuraciones en el Ejército Rojo. En su libro “El gran terror” dice Conquest que en 1937 habían 70.000 oficiales y comisarios políticos en el Ejército Rojo y que 50% de esos, o sea, 15.000 oficiales y 20.000 comisarios habían sido arrestados por la policía política y que habían sido ejecutados o hechos prisioneros perpetuos en los campos de trabajo.

En esta afirmación de Conquest -como en todo el libro- no existe nada de verdad. El historiador Roger Reese en su trabajo “The Red Army and the Great Purgues”, nos da hechos y nos muestra el verdadero significado que las depuraciones de 1937 y 38 tuvieron para el ejército.

El número de personas en posiciones de dirigentes en el Ejército Rojo y en la aviación, o sea, oficiales y comisarios políticos era de 144.300 en 1937 creciendo a 282.300 hasta 1939.

Durante las depuraciones de 1937 y 38 fueron despedidos 34.000 oficiales y comisarios por motivos políticos, pero antes de mayo de 1940 ya habían sido rehabilitados y reintegrados a sus puestos 11.596 de ellos. Esto significa que durante las depuraciones de 1937 y 38 fueron despedidos 22.705 oficiales y comisarios políticos (alrededor de 13.000 oficiales del ejército, 4700 de la aviación y 5.000 comisarios políticos), lo que es el 7,7% de todos los oficiales y comisarios y no el 50% como Conquest decía. De esos 7,7% fue una parte condenada como traidores, pero para la gran mayoría el material histórico a disposición indica que pasaron a la vida civil.

Una última pregunta.

¿Fueron justos los juicios de 1937 y 1938 para con los acusados?

Veamos por ejemplo el juicio contra Bujarin, el funcionario más alto del partido que trabajaba para la oposición secreta. Según el embajador norteamericano en Moscú por aquellos años, un conocido abogado de nombre Joseph Davies que estuvo en el tribunal durante todo el juicio, se le permitió a Bujarín hablar y exponer su caso sin el menor impedimento. Joseph Davies escribió a Washingtone que durante el juicio se demostró que los acusados eran “culpables de los crímenes que les imputaban” y que “ la opinión general entre los diplomáticos que asistieron al proceso es de que se comprobó la existencia de una conspiración muy grave”.

¡Aprendamos de la historia!

La discusión sobre el sistema correccional soviético durante el tiempo de Stalin, sobre lo cual se ha escrito millares de artículos y libros con mentiras y se han filmado centenas de películas falsas, nos entrega algunas enseñanzas.

De hecho nos muestra una vez más que la historia sobre el socialismo que se divulga en la prensa burguesa en gran medida es falsa. La derecha tiene posibilidades a través de la prensa, radio y televisión de confundir y distorsionar los hechos haciendo que las grandes masas comprendan las mentiras como si fuesen verdades.

Esto es válido, especialmente, tratándose de cuestiones históricas. Es por ello que las nuevas historias de la derecha deben ser consideradas como falsas mientras no se haya comprobado lo contrario.

Esta actitud cautelosa es necesaria. El hecho es que a pesar de que la derecha conoce los informes de los investigadores rusos, continúan publicando las mentiras que han sido enseñadas en los últimos 50 años y que ahora han sido totalmente puestas al descubierto. La derecha continúa con su herencia histórica: una mentira repetida muchas veces termina siendo verdad.

Después que los informes de los investigadores rusos fueron publicados en Occidente, han aparecido libros en muchos países con el único propósito de combatir los informes rusos y hacer nuevamente que todas las viejas mentiras parezcan verdades. Son libros caros, hojas tras hojas con mentiras sobre el comunismo y el socialismo.

¡Las mentiras de la derecha son repetidas para combatir a los comunistas de hoy! Las mentiras son para que los trabajadores no encuentren alternativa alguna al capitalismo y al neoliberalismo. Esto es parte de la guerra sucia contra los comunistas y la sociedad socialista que son la alternativa para el futuro. ¡Es por ello que se publican libros con viejas mentiras!

Todo esto exige a los que tenemos una visión socialista de la historia tomar la responsabilidad de hacer de los periódicos comunistas ¡los periódicos de la clase obrera! Y así resistir a las mentiras de la burguesía.

Esta es una de las tareas más importantes en los combates de clase que en un futuro inmediato se desarrollará con renovadas fuerzas.

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