18 ene. 2010

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Traición a la II República (III)


En tiempo de guerra aplastar a la quinta columna era una tarea compleja que la República nunca quiso emprender. Seguía manifestando una indolencia intolerable hacia las posiciones vacilantes propensas a la traición y al compromiso con los fascistas. No era ninguna novedad porque ya se había manifestado desde antes de la guerra, cuando no se tomaron medidas contra los militares golpistas, pese a conocer sobradamente sus planes.

El PCE y el PSUC tampoco lograron desarticular la traición porque concedieron prioridad a la defensa de la unidad del Frente Popular por encima de la lucha y trataron de delegar esta tarea en el gobierno y no directamente en las masas bajo su dirección. Pero la represión de la quinta columna no podía ser responsabilidad de los dirigentes republicanos pequeño-burgueses sino del propio PCE y del PSUC que no siempre supieron mantener la vigilancia revolucionaria, desenmascarar a los vacilantes y denunciar las maniobras conspirativas, alertando a las masas.

El Frente Popular había ganado las elecciones de febrero de 1936 gracias al voto a su favor de los anarquistas, lo que inició una situación nueva que acabó con la presencia de anarquistas en un gobierno por primera -y única- vez en la historia.

Ahora cuentan los acontecimientos del revés y dicen que éramos los comunistas los que nos infiltrábamos en los cargos públicos, pero cuando en mayo de 1937 se produce el golpe de Estado, los anarquistas copaban nada menos que cuatro ministerios del gobierno central y a quien envía el gobierno de la República a Barcelona para acabar con el golpe es a un anarquista ministro de Justicia, García Oliver.

Una de las paradojas del golpe traicionero de 1937 fue que en las barricadas unos anarquistas peleaban... también contra otros anarquistas. Cuando los ministros anarquistas llegaron a Barcelona, quienes les cerraban el paso en las barricadas eran sus propios compañeros anarquistas, totalmente desconcertados ante la situación.

Por tanto, ni siquiera en lo que respecta al golpe de Barcelona es exacto ese enfrentamiento entre anarquistas y comunistas. En Barcelona en mayo se enfrentaron los trotskistas y algunos anarquistas contra todos los demás, incluidos la mayoría de los propios anarquistas. Es más, en su momento tanto la CNT como la FAI negaron su participación en el golpe de Estado, e incluso lo condenaron, empleando los más duros calificativos contra la ínfima minoría anarquista que, como los autodenominados Amigos de Durruti, lo alentaron. Sus propios compañeros les acusan de traidores y provocadores. Curiosamente hoy los anarquistas se ponen de parte de aquellos que se levantaron y no de quienes se opusieron, con una unanimidad que entonces no existía.

Los comités de Catalunya de la CNT no eran favorables al golpe pero para no perder la dirección de sus organizaciones, inicialmente tampoco se pronunciaron públicamente en contra. Como consecuencia de la ambigua política de los anarquistas, a partir de entonces se produce el inicio de una profunda crisis, de la que aún no se han repuesto, ni se repondrán. Las masas les dieron la espalda de una forma progresiva pero definitiva.

Se produjo un aumento la influencia del Partido Socialista Unificado de Cataluña y de la UGT y el paralelo aislamiento de los anarquistas. La CNT, que se había ganado el aprecio de las masas por su decidida y rápida actuación el 18 de julio de 1936 al enfrentarse a los fascistas, no supo preservar esa simpatía. Amplios sectores de la población comenzaron a recelar de ellos, algunas de cuyas milicias y patrullas, creadas al principio de la guerra para combatir la contrarrevolución, se transformaron poco a poco en una verdadera plaga y se hicieron más odiosas que la Guardia Civil. Degeneraron en el saqueo y recurrieron a una represión gratuita de obreros, campesinos y pequeño burgueses, para imponer lo que ellos llamaban revolución, que no era otra cosa que una ocupación de la industria, el transporte y la tierra.

La inmensa mayoría de los anarquistas no apoyaba a los golpistas. Inicialmente tanto la CNT como la FAI se desmarcaran de la traición. Sólo después de la primera jornada de lucha, se dirigieron a sus partidarios pidiéndoles cesar el fuego y permanecer en las posiciones ocupadas. Hacia las 21'00 de la noche del 4 de mayo, Radio Generalitat difunde discursos para pedir el cese de los combates de Calvet, Zancajo y Vidiella por la UGT, Vázquez y García Oliver por la CNT y Companys. Al día siguiente a las 15'00 del mediodía vuelven a hablar por Radio Generalitat Vidiella por la UGT, Vázquez, Herrera y Federica Montseny por la CNT, Tarradellas por Esquerra, y Valdés, Colomer y Ardiaca por el PSUC. Todos reclaman un alto el fuego. Hacia las 23'00 de la noche se difunde un comunicado conjunto firmado por UGT y CNT para el cese de la lucha.

Como toda la prensa confederal, el diario Nuevo Aragón publicaba el 6 de mayo en su editorial: Cuantos somos y cuantos valemos estamos dispuestos a ponerlo al servicio de su paz interior y de la unidad de sus masas proletarias. El día 11 el mismo periódico publicaba un llamamiento de la CNT y de la UGT a todos los trabajadores y combatientes de Aragón que decía, entre otras cosas: Serenidad y reflexión. He aquí nuestra consigna de hoy y de siempre. Nadie se deje llevar por instigaciones o maniobras extrañas. El 8 de mayo los Comités Regionales de la CNT y de la FAI envían una circular con órdenes terminantes de la Consejería de Defensa dirigida por la CNT de que las fuerzas confederales no intervinieran para nada en el conflicto.

El POUM o la provocación al servicio del fascismo.

A diferencia de la CNT, el POUM fue una organización residual en la guerra civil española, hasta el punto de que en ningún texto de historia verdaderamente científico acerca de la guerra civil española merecería una sola línea. Toda su enorme fama se la debe al fascismo, al imperialismo y a los medios de intoxicación de la burguesía en su permanente campaña de difamación contra el comunismo.

Un ejemplo es el programa de TV3, Televisió de Catalunya, titulado Operació Nikolai. L'assassinat d'Andreu Nin, dirigida por Dolors Genovés y emitido el 5 de noviembre de 1992. Pero el más conocido fue la película de Ken Loach Tierra y libertad ampliamente publicitada por la burguesía en todo el mundo. Lo mismo cabe decir de la infinidad de libros y documentales de todo tipo sobre el mismo caso que vuelven a evidenciar cómo la burguesía atrae la atención hacia determinadas organizaciones y acontecimientos para tratar de convertirlas en protagonistas y elementos decisivos de la historia. Sucedió en la Unión Soviética y sucede en España.

Ahora volvemos con algo más de detalle sobre este punto, no porque consideremos que tenga ningún interés sino simplemente para comprobar, por si quedaban dudas, cómo opera la intoxicación burguesa y cómo sus mentiras son difundidas a los cuatro vientos sin ningún tipo de escrúpulos, hasta que se convierten en una verdad por sí mismas, con la plena complicidad de los revisionistas y los izquierdistas, cuya intervención es imprescindible para que la falsificación cuaje.

También nos va a permitir reiterar la naturaleza provocadora y contrarrevolucionaria de los trotskistas, que no fueron diferentes en España de lo que lo fueron en la Unión Soviética.

Los trotskistas se quejan de la calumnia de reputarles como agentes del fascismo y del imperialismo, pero el golpe de Estado de 1937 y los hechos posteriores han confirmado plenamente este hecho. En mayo de 1937 apenas hacía un año que los fascistas se habían levantado contra la República al grito de ¡Abajo la República! cuando otros, que aducían otras pretensiones, y supuestamente desde las mismas filas republicanas, lanzaban exactamente el mismo grito, ¡Abajo la República!

A pesar de esa coincidencia, pretenden que no los confundamos con los fascistas y protestan si lo ponemos de manifiesto. Pero nosotros no juzgamos a nadie por lo que piensa (y menos por lo que piensa de sí mismo) sino por lo que hace, y si los fascistas disparaban contra la República de frente, otros hacían lo propio pero por la espalda.

Los comunistas no juzgamos a las organizaciones ni a las personas por sus discursos ni por sus emblemas. Sin embargo, son muchos los que insisten en caracterizar a los movimientos políticos por lo que dicen de sí mismos y, así, quieren hacer creer que el POUM era una de las varias organizaciones antifascistas que luchaban contra el fascismo.

El POUM firmó el acuerdo del Frente Popular y acabó traicionándolo. Nin, uno de sus dirigentes, conseller de Justicia del gobierno de la Generalitat, juró fidelidad a la República y acabó traicionándola. En tiempos de guerra un intento de golpe de Estado en la retaguardia como el que ensayó el POUM, está considerado en cualquier país como una traición y eso sólo se paga con la muerte, que debe ejecutarse de manera inmediata, mientras que la República tardó más de un año en juzgar a los traidores, por lo que su capacidad ejemplarizante fue nula. No puede extrañar que las traiciones se repitieran.

Desde el mes de abril de 1937, el Servicio de Espionaje y Contraespionaje de la Brigada Especial había practicado más de 200 detenciones de fascistas vinculados con la quinta columna. Entre los capturados figuraba uno de los colaboradores de la Secretaría del Estado Mayor del Frente de Madrid, el capitán Luján, junto a los también capitanes de tanques Carlos Fauríe y Juan Herrada, y el médico Eduardo Isla.

Un informe del comisario general de Madrid, David Vázquez, fechado el primero de junio, ponía en conocimiento del director general de Seguridad la existencia de una red de espionaje al servicio de los fascistas y afirmaba que Carlos Fauríe, Juan Herrada y Eduardo Isla trabajaban a las órdenes de la dirección de la Falange.

Entre los detenidos había destacados fascistas, la mayoría de los cuales vivía en la clandestinidad, al amparo de representaciones diplomáticas como la embajada de Chile o el consulado de Perú. Los enlaces de esa organización se extendían a organismos del Estado como la Guardia Nacional Republicana, la Sanidad militar, el Servicio de Información del Ministerio de la Guerra, el Negociado de Defensa Antiaérea del Ministerio de Marina y Aire, la Cruz Roja e incluso la judicatura.

En el registro efectuado en el consulado de Perú se había descubierto una emisora de radio con claves para la comunicación con el Cuartel General franquista. En la embajada de Chile se sospechaba que trabajaban para el enemigo miembros de la Junta Suprema de la Falange como Manuel Weglisson, Leopoldo Panizo y Joaquín Arqués, conocido como Sinclair.

A los detenidos se les habían intervenido documentos cifrados preparados para ser transmitidos al enemigo con los detalles del emplazamiento de las baterías republicanas en la Casa de Campo y en los márgenes del río Manzanares, así como la relación completa de las baterías antiaéreas de Madrid con indicación de su situación en un croquis, y la distribución orgánica de todos los efectivos del Ejército del Centro y los planes de sus operaciones.

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