13 feb. 2010

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Traición a la II República (IV)


Los miembros de la Brigada Especial aseguraban que la red de agentes preparaba una sublevación armada con el apoyo de sus grupos de acción y el de sus enlaces con organizaciones que operaban dentro de las filas republicanas, como el POUM. En el anverso de uno de los documentos incautados, dirigido por la organización al Generalísimo Franco, figuraba un plano milimetrado de Madrid con la localización de las baterías y fuerzas republicanas.

En el reverso, escrito con tinta simpática y caracteres cifrados, el personal técnico había logrado interpretar el siguiente texto: Al Generalísimo personalmente, comunico: Actualmente estamos en condiciones de comunicarle todo lo que sabemos respecto a la situación y el movimiento de las tropas rojas. Las últimas noticias radiadas por nuestra emisora prueban un serio mejoramiento de nuestros servicios de información.

El mensaje descifrado continuaba así: En cambio, el agrupamiento de las fuerzas para un movimiento de retaguardia va con cierta lentitud. No obstante, contamos con cuatrocientos hombres dispuestos a actuar. Éstos bien armados y en condiciones favorables en los frentes de Madrid, pueden ser la fuerza motriz del movimiento.

Su orden sobre la infiltración de nuestros hombres en las filas extremistas anarquistas y del POUM se lleva a cabo con éxito. Nos hace falta un buen jefe de Propaganda el cual llevaría este trabajo independientemente de nosotros para poder actuar con más seguridad.

Seguidamente, con la letra N se implicaba a Nin en la conspiración: En cumplimiento de su orden fui yo mismo a Barcelona para entrevistarme con el miembro directivo del POUM, N. Le comuniqué todas sus indicaciones. La falta de comunicación entre usted y él se explica por las averías que sufrió la emisora, la cual empezó a funcionar de nuevo estando yo todavía ahí. Seguramente habrá recibido usted la contestación referente al problema fundamental. N. ruega encarecidamente a usted y a los amigos extranjeros que sea yo única y exclusivamente la persona señalada para comunicarse con él. El me ha prometido enviar a Madrid nueva gente para activar los trabajos del POUM.

Con estos refuerzos, el POUM llegará a ser un firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento. Durante el golpe participaron en la calle más de 3.000 milicianos armados y quizás la misma cantidad permaneció armada en los locales de las organizaciones libertarias. Unas armas necesarias en el frente se habían escondido en la retaguardia.

Las milicias utilizaron las facilidades que les daban sus posiciones en el aparato de Estado para acumular material de guerra en la retaguardia para preparar y desencadenar la guerra civil en el interior del país. Disponían de más armamento que milicianos capaces de utilizarlo: 13 coches blindados armados con ametralladoras, dos baterías de cañones, unos 25.000 fusiles, 300 ametralladoras pesadas, varios centenares de fusiles ametralladores, bombas y granadas de mano en cantidad ilimitada, algunas docenas de morteros de trinchera y naturalmente muchos millares de pistolas automáticas y semiautomáticas. Esta gigantesco almacén de armamento demuestra que los golpistas:

— Habían elaborado un plan con bastante antelación, que no fue un levantamiento espontáneo — contaron con un apoyo popular que jamás alcanzaron

— contaron con traer tropas del frente.

El golpe fue preparado con mucha antelación: Todo parecía preparado de antemano. No existía ningún acuerdo de la CNT, de la FAI ni de la FIJL al respecto. Sin embargo, cuantos de los nuestros estaban en las barricadas creían hacerlo para defender a la CNT y a la FAI, afirma el ministro anarquista García Oliver (El eco de los pasos, pg.423).

Si los anarquistas en las barricadas estaban engañados, si no luchaban por la CNT y la FAI las preguntas son obvias: ¿quién los había engañado?, ¿quién actuó en nombre de CNT?, ¿quién había preparado el golpe?

Los verdaderos instigadores del golpe fueron los Comités de Defensa de la FAI y sobre todo el Comité de Defensa del Centro de Barcelona, que reunió a 52 grupos anarquistas. Este Comité de Defensa del Centro estaba dirigido de hecho por los autodenominados Amigos de Durruti, a su vez estrechamente vinculados al POUM.

La intentona creó el riesgo de hundimiento del Frente de Aragón, porque unos sacaron tropas para reprimir el golpe y los otros las sacaron para apoyarlo.

El 4 de mayo unos 2.000 combatientes de los 7.500 que componían la 27 División Carlos Marx, dejó el frente de Tardiente-Alcubierre para llegar a Barcelona al mando de Del Barrio, instalándose en el cuartel Voroshilov en el barrio de Sarriá.

Al dia siguiente, al enterarse Máximo Franco, entre 1.500 y 2.000 hombres de la columna Roja y Negra de la 28 División Ascaso y milicias de la 29 División Lenin del POUM abandonaron el frente de Huesca para ir también a Barcelona.

En Binéfar les paró Juan Molina, del Consejo de Defensa de la Generalidad en nombre del comité regional de la CNT. Pero una parte continuó hasta Lérida donde les pararon los jefes de la 28 División, los anarquistas Jover y Vivancos.

El mismo día, en el sector de Teruel, la columna Carod de la 25 División Jubert, fue hasta Valderrobres donde fue detenida por Joaquín Ascaso, del Consejo de Aragón. 500 cadáveres en busca de autor. Pasaban los días y, ante el escándalo de las masas que combatían en los frentes, nada se sabía de los golpistas.

El POUM seguía funcionando como organización legal (y a la vez clandestina) sin que, pese a todos los esfuerzos del PCE y el PSUC, ni la Generalitat ni el gobierno central de Valencia, tomaran ninguna medida: ni detenciones, ni registros, ni interrogatorios. El gobierno de Largo Caballero (PSOE) tardó casi dos semanas en reunirse.

Hasta el 15 de mayo no se celebró el Consejo de Ministros en el que Largo Caballero se opuso a tomar medidas represivas contra el POUM, a que fuera disuelto y declarado fuera de la ley, alegando que él nunca ejercería la represión contra una organización obrera.

Largo Caballero esgrimió un supuesto comunicado de condena del POUM como excusa para tapar las responsabilidades: el POUM no tenía nada que ver. Esto era falso: pocos días después la dirección del PUM emitió un comunicado identificándose plenamente con la intentona.

Los dos ministros comunistas, Jesús Hernández y Vicente Uribe, abandonaron la sesión y se produjo la crisis. Dos días después Juan Negrín (PSOE) fue nombrado nuevo Presidente.

Había transcurrido un mes y medio del golpe cuando el 16 de junio fue detenido Andrés Nin con otros dirigentes y pistoleros del POUM que se encontraban en el hotel Falcon de Barcelona. Al día siguiente, el POUM fue declarado ilegal y se clausuraron todos sus centros.

El 23 de junio se publicaba en la Gaceta de la República el decreto contra la traición, creando los Tribunales de Espionaje y Alta Traición, que se aplicó con carácter retroactivo para procesar a los dirigentes del POUM. Hasta el 9 de agosto no se creó el Servicio de Investigación Militar (SIM). Era demasiado tarde.

La pretensión del PCE y el PSUC de investigar los hilos del golpe fue presentado como un intento de ajustar las cuentas de sus peleas internas a costa de la República. La cosa estaba clara: se había intentado un golpe de Estado, 500 cadáveres poblaban las calles de Barcelona y, una vez más, la República no iba a tomar cartas en el asunto. No había pruebas (ni ningún interés por buscarlas). La República seguía empeñada en la política del avestruz.

Los fascistas hablan de las presiones de los comunistas sobre el gobierno, como si fueran las únicas, ignorando que todos los gobiernos actúan bajo unas u otras presiones y, en consecuencia, ocultando las suyas propias, las presiones de los partidos burgueses, las presiones económicas, las internacionales, etc. Las presiones confluían sobre dos aspectos del mismo problema porque, tras la detención de Nin, los comunistas se habían apoderado de él y lo habían hecho desaparecer.

Preocupados por las formalidades legales burguesas, la quinta columna presionaba (Zugazagoitia por el PSOE, Irujo por el PNV) para que se investigara esta desaparición; por su parte, los comunistas presionaban para que se juzgara a los demás cabecillas del golpe. Un sector del PSOE, encabezada por Paulino Gómez, responsable de la censura, impidió una campaña de denuncia en la prensa de los entresijos de la conspiración. Al PCE y al PSUC, a quienes se venía acusando de burgueses por defender la legalidad republicana, se les imputaba ahora una acción ilegal, como fue la desaparición de Nin.

Evidentemente había una trampa: la República no iba a adoptar ninguna medida contra los traidores así que había que actuar por cuenta propia y, además, encubrir el hecho. Lo hacían todos los partidos del Frente Popular; todos jugaban ese doble juego, pero lo que se acepta en todos no se acepta en los comunistas. De lo contrario, si el PCE y el PSUC reconocían que habían hecho desaparecer a Nin, se desafiaba abiertamente a la República, lo que significaba su derrumbe.

Los comunistas tiraron la piedra (ejecutaron a Nin), como era su obligación, y escondieron la mano porque no les quedaba otro remedio, porque estaban metidos en un callejón sin salida. Pero la responsabilidad no es del propio PCE ni del PSUC sino de los partidos burgueses vacilantes, en connivencia con los traidores.

Los escribanos del imperialismo y sus secuaces trotskistas desconectan la represión contra el POUM de su traicionero intento de golpe. En vano en toda la inmensa bibliografía burguesa se podrá hallar esa conexión, que es bien simple y sencilla de reconocer.

Presentando la represión sin relación alguna con el fallido golpe de Estado, parece como si de repente a los comunistas les entrara un furor antitrotskista que hasta ese momento no se había puesto de manifiesto, posiblemente porque Stalin sopló el silbato y dio la orden desde el Kremlin de continuar en Barcelona lo que allí ya se había iniciado.

Así lo cuenta el anarquista Gómez Casas: Es inexcusable hacer referencia, como antecedente, a uno de los problemas que fueron enrareciendo la atmósfera de la retaguardia en Cataluña. Se trata de la tirantez entre el POUM y el PSUC que provenía tanto de una lucha hegemónica de ambos grupos comunistas sobre la UGT catalana, como del carácter trotskista del primero.

Estaba en plena vigencia la campaña estaliniana contra el trotskismo y, en general, contra todos los opositores a su política. El POUM era presentado como un agente del fascismo internacional, y quedó eliminado del gobierno de la Generalidad después de la crisis provocada con este fin por el PSUC (Historia del anarcosindicalismo español, pgs.235-236).

Naturalmente que esa explicación es absurda. La realidad histórica no tiene nada que ver con la caricatura que presentan los anarquistas y trotskistas. Pero es necesario que la intoxicación asuma ese punto de partida porque así el aplastamiento del POUM se puede presentar, igual que en la Unión Soviética, como una cuestión ideológica: se perseguía a los trotskistas por sus ideas políticas. De modo que se trataba de una eliminación de las libertades de expresión y reunión. Los 500 cadáveres no aparecen para nada; además si la CNT no organizó el golpe y el POUM tampoco ¿quién carga con la responsabilidad de los 500 muertos?

Es, en consecuencia, cierto que el PCE y el PSUC mintieron acerca del destino del Nin al decir que se había fugado; en una situación ideal hubieran debido reconcer francamente la verdad pero no tuvieron otro remedio porque estaban metidos en un callejón sin salida y no podían desairar a la República, asediada por la guerra. Jugaron un doble juego pero ninguno de los plumíferos puede reprocharles nada porque todos los partidos y organizaciones del Frente Popular lo hacían.

Hay que decirlo bien claramente: no son ni los burgueses ni los anarquistas los que pueden lanzar ese tipo de acusaciones porque ninguno de ellos asumió la responsabilidad de perseguir a los traidores y porque fueron ellos los que obligaron a los comunistas a ocultar la verdad de los hechos.

Franco reivindica la ‘revolución’ anarco-trotskistaLos archivos nazis fueron capturados por los aliados tras la II Guerra Mundial y publicados en Estados Unidos con el título Documents o­n German Foreign Police.

Aquí nos interesa la serie D, publicada en 1950, cuyo tercer volumen es el que alude a la guerra civil española. Allí, en las páginas 284 a 286, hay un informe interesante dirigido el 11 de mayo por Wilhelm Faupel a Hitler. Faupel, ex-general del ejército alemán, era el embajador de los nazis en el cuartel general franquista.

Sólo habían pasado unos pocos días de la traición y Faupel le dice al Führer: En cuanto a los desórdenes de Barcelona, Franco me comunicó que las luchas callejeras habían sido promovidas por sus agentes. Según me contó Nicolás Franco, tenían en total trece agentes en Barcelona.

Uno de ellos había pasado hacía bastante tiempo la información de que las tensiones entre anarquistas y comunistas eran tan grandes en Barcelona que estaba en condiciones de garantizar que podía hacer estallar la lucha en cualquier momento. El Generalísimo me dijo que al principio no había depositado demasiada confianza en las palabras de su agente, pero luego las había mandado corroborar por otros, que le habían confirmado la noticia.

En un primer momento no había querido hacer uso de esta posibilidad hasta que comenzaran las operaciones militares contra Barcelona. Pero, como poco tiempo atrás los rojos habían atacado Teruel con el fin de liberar al Gobierno de Euzkadi, había considerado que aquél era el momento oportuno para hacer estallar los desórdenes en Barcelona. En realidad, a los pocos días de recibir sus instrucciones, el agente había conseguido que tres o cuatro personas empezaran los tiros en las calles, y esta circunstancia había producido los resultados deseados.También el conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores y yerno de Mussolini, se atribuyó la provocación de Barcelona.

García Conde, embajador franquista en Roma, decía en una carta al Ministerio que Ciano añadió por su cuenta, y hasta me pidió lo transmitiese al Generalísimo, que lo importante ahora era acelerar e intensificar nuestra ofensiva aprovechando la revuelta situación de Cataluña, en cuyo desorden se atribuye participación mediante espías italianos a su servicio (Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores, serie renovada de Barcelona, 1106/10). En sus memorias, el embajador norteamericano en España, Bowers, escribió también que la crisis había sido provocada por los anarquistas y el POUM... En general se cree que muchos de ellos eran agentes de Franco (My mission in Spain. Watching the rehearsal for World War II, Londres, 1954, pg.356).

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