26 oct. 2010

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La juventud comunista tras la huelga general


Juan Nogueira (Secretario General de los CJC)

¿Cómo valorar la Huelga General? Siempre que hay una movilización de este tipo, las cifras parecen bailar entre el “no hubo huelga” de la derecha, la patronal y el gobierno y el “cerró todo” de las centrales sindicales.


Como era previsible, la Huelga General del 29 de septiembre no ha sido una excepción. Yo, desde Asturies, puedo asegurar que el cierre ha sido masivo: en Oviedo no hubo transporte urbano, los autobuses interurbanos no tuvieron servicio y los trenes apenas cumplieron los servicios mínimos. Los polígonos industriales -como en todo el Estado- tuvieron un cierre prácticamente total, la minería secundó al 100% la huelga y no salieron los principales periódicos asturianos. En el comercio, la Huelga tuvo un seguimiento amplísimo, salvo en grandes superficies. En ellas, hubo amenazas de despido contra trabajadores y trabajadoras que, generalmente, tienen contratos temporales y precarios.


En la administración y correos, el paro superó al esquirolaje. En total, la huelga general tuvo, según cifras sindicales, un 87% de seguimiento. La manifestación de las 6 de la tarde fue masiva, con más de 100.000 asistentes según los sindicatos y un mínimo de 30'000 según la policía. Para mí, fue la más grande vivida en Asturies desde el “No a la Guerra”.


Ahora bien, caeríamos en un error si midiésemos los resultados de esta Huelga General sólo en función de las cifras de seguimiento. En primer lugar, porque con 5 millones de parados, la gente que puede secundar el paro se reduce considerablemente, además de todos los trabajadores que quisieran secundar la Huelga General, pero que su situación laboral y familiar se lo impide.


Pero sobre todo, porque debemos entender que no estamos ante una batalla de un día, sino ante una guerra de clases en la que ésta Huelga General es un primer paso en que los trabajadores plantamos una respuesta.


Tenemos que tener clara esa idea, para no caer en una absurda guerra de cifras como si fueran marcadores de un partido de baloncesto ya terminado. No debe ser nuestra actitud y sí será precisamente la que tomarán las cúpulas sindicales de UGT y CCOO si vuelven a la dinámica del pacto social. Por eso juegan a la guerra de cifras: es su peso en la balanza de la negociación.


Sin embargo, nosotros y nosotras, como comunistas y personas más conscientes de los intereses de la clase obrera, debemos tener clara la idea de que tras la Huelga General, la lucha continúa y, lejos de tener un “resultado” final, hemos simplemente dado un primer paso para elevar la conciencia y la combatividad de la clase obrera.


Si estamos ante una lucha larga, necesitamos conocer el campo de batalla: la crisis capitalista y sus distintas etapas. Desde los CJC, creemos que estamos en una segunda fase de la crisis.


En un primer momento, el capital destruyó fuerzas productivas: millones de trabajadores y trabajadoras perdieron su puesto de trabajo y pasaron a engrosar las listas del paro. Mientras tanto, los gestores políticos de los intereses del capital -el gobierno socialdemócrata liberal encabezado por Zapatero- socializaban las pérdidas del capital y financieron con ayudas masivas a la banca a través de un sistema público de avales a la banca conocido como FROB -cuyos astronómicos costes incluyeron en los últimos Presupuestos Generales del Estado una partida de 6750 millones de euros, más otros 2000 millones que han sido aportados de forma excepcional durante septiembre de este año.


Esa fase, en líneas generales, ha concluido, lo cual no quiere decir que se haya detenido la destrucción de fuerzas productivas. Quiere decir, que la estrategia fundamental del capital da por concluida esa etapa y pasa a apostar por medidas de agresión directa a los intereses de la clase trabajadora.


Esto se materializa en todo un paquete de medidas que se han ido aprobando desde mayo de 2010, especialmente. Incluye el recorte de los salarios de los funcionarios públicos, la congelación de las pensiones, la subida de impuestos indirectos -más injustos y no proporcionales al nivel de renta- y, especialmente, la reforma laboral.


En resumen, podemos decir que estamos ante una crisis de sobreproducción. En ella, primero se destruyeron fuerzas productivas a un ritmo acelerado; y ahora se rebaja el coste de la mano de obra -a través de una reforma laboral que abarata el despido- y se reduce su capacidad de consumo -a través de la reducción de salarios y del aumento de los impuestos indirectos.


En esta segunda fase de la crisis, se están creando las nuevas bases del capitalismo en la próxima fase expansiva. El capital, ante su crisis, tiene planificado un futuro con menos derechos laborales y con una reducida capacidad adquisitiva. Hay que luchar contra la idea de que la crisis capitalista es un pequeño bache tras el cual ya asoman brotes verdes y con el horizonte de volver al “feliz año 2003”.


El capitalismo tras esta crisis no será el de la vorágine consumista de 2003, principalmente porque esa fase expansiva se estructuró sobre la base del endeudamiento masivo de buena parte de las familias para los próximos 30, 40 e incluso 50 años, y no hay muchas más familias a las que endeudar para asegurar otro ciclo similar.


Si el capitalismo gana la batalla, el futuro es de más miseria y menos derechos. Además, el mismo futuro que planifica el capitalismo lleva la semilla de la próxima crisis. En el futuro que quiere escribir el capital, existe una contradicción entre la reducción del consumo -por los recortes salariales, el abaratamiento del despido y el afán recaudatorio de los impuestos indirectos- y las perspectivas de recuperación, basadas en colocar en el mercado los productos que hoy sufren sobreproducción.


Estamos ante la mayor fase de agresión del capital a la clase trabajadora. Estamos ante un momento clave clave para organizar la lucha. El objetivo de los comunistas ante esta Huelga General, por lo tanto, no ha sido asegurar unas cifras de cierre masivas y luego asumir un nuevo “pacto social”, sino elevar la conciencia de lucha de los trabajadores por sus propios intereses, sobrepasar la capacidad de control y convocatoria de las cúpulas sindicales de UGT y CCOO y inaugurar una etapa de lucha y movilización. En este sentido, la Huelga General ha sido un éxito rotundo: miles de trabajadores han roto con la conciencia sumisa a los intereses de la patronal y se han colocado de forma activa en piquetes, manifestaciones y actividades en favor de la Huelga General.


La Huelga General fue convocada por quienes legalmente tienen capacidad para hacerlo: los sindicatos mayoritarios. Pero la Huelga General fue llevada a cabo y se ha ganado gracias a los millones de currelas, estudiantes y parados que la han secundado. Hay muchas experiencias de lucha ganadas en esta Huelga General, que no se pueden quedar en una batalla de un día, sino que tienen que abrir un nuevo camino.


El éxito de esta Huelga General ha sido abrir ese camino y despertar la conciencia y la capacidad de organización de la actual generación de trabajadores y trabajadoras. O quizás, debiésemos decir, que el éxito o no de esta movilización se medirá en función de la continuidad que tenga en el futuro: de que haya cada vez más lucha, de que las organizaciones de la clase obrera aumentemos nuestra capacidad, de que cada vez más y más trabajadores entiendan que -bajo el capitalismo- las leyes y los gobiernos representan los intereses de una oligarquía que no tiene nada que ver con los de abajo, de que una vez que esta conciencia se extienda, todos y todas entendamos que nuestro futuro sólo se asegura en la medida en que dejemos de ser objetos y empecemos a ser sujetos.


Y ese paso de conciencia y de organización, sólo se asegura a través del fortalecimiento del proyecto marxista-leninista. Los Colectivos de Jóvenes Comunistas, estamos dispuestos a asumir ese reto.

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