25 jun. 2012

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El KKE es la garantía de la lucha por el Socialismo


Las pasadas elecciones del 17 de junio en Grecia han permitido, a la burguesía de ese país, un nuevo y transitorio respiro en su objetivo de mantener el control del poder político, mediante una representación parlamentaria mayoritaria.

En la primera convocatoria electoral, celebrada el 6 de mayo, se puso de manifiesto que la consecuente lucha de la clase obrera griega había conseguido quebrar la representación política de la burguesía, dejando a la opción bipartidista (ND - PASOK) en una situación de fuerte descrédito ante la base social. Hecho de la máxima gravedad para los intereses de las clases dominantes, pues ponía de manifiesto los avances que estaba consolidando la clase obrera en la lucha combatiente frente a esta crisis capitalista.

El núcleo más sólido de la clase obrera está representado -sin ninguna duda- por el KKE, con un programa político basado en una clara estrategia de toma del poder y con un claro liderazgo en la lucha de clases. La burguesía griega tenía claro que ese es el enemigo que puede hacer un jaque mate a su poder.

Para la segunda convocatoria la burguesía afiló sus armas, realizó un importante esfuerzo de recuperación de la representación política que consideraba menos “tocada” –ND-,  y centró sus ataques en el programa del KKE orientado a la salida del euro y de la UE, instrumentalizando para ello a Syriza, quién colaboró con gusto, y que ya se veía gobernando el país.

Las declaraciones de Tsipras en los días previos al cierre de la campaña, reafirmando su fe europeísta y su fidelidad absoluta al euro, fue una demostración de pleitesía del reformismo suplicando se le dejara gestionar la dominación capitalista para demostrar sus habilidades de tahúres.

En situaciones, en las que se tensa la lucha de clases, el reformismo se presenta con su auténtica naturaleza y con su papel funcional a los intereses de las clases dominantes. La convergencia entre la campaña del miedo, que lanzaron los medios de agipro de la burguesía en la última semana (corralito, cierres de fronteras, clausura de cajeros automáticos, almacenamiento de víveres, etc.), y las propuestas engañosas del reformismo, una parte de la clase obrera terminó renunciando a su consecuente voto libre, y lo entregó a la organización reformista, que ofrecía un futuro mejor con el plácet de las clases dominantes.

Se confirma así, una vez más, el papel del reformismo como colaborador necesario de la burguesía en su continuada estrategia orientada a tratar de debilitar el destacamento revolucionario cuando va ganando la confianza de la clase obrera.

Pero la realidad es tozuda, y lo que queda -después de los entusiasmos electoralistas- es el proyecto político consecuentemente revolucionario del KKE. El cual ha mantenido incólume su coherencia y su prestigio ante las masas al no ceder al chantaje planteado con esta campaña electoral. La crisis capitalista avanza inexorable, el nuevo gobierno nada podrá resolver al pueblo, y el Partido Comunista de Grecia será la fuerza determinante para el desenlace revolucionario y el avance hacia el poder obrero y el socialismo en Grecia.

Editorial de Unidad y Lucha

 

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