3 ene. 2013

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Cuatro analistas, Movimientos Telúricos, frágil arena y "Primaveras árabes"”

Nada menos que cuatro analistas, cuatro, de la ganadería de la Izquierda Anti-antiguerra, se han reunido en Gara (sin esfera mágica o bola de adivinaciones) para tratar de advertirnos sobre los Movimientos Telúricos que podrían suceder durante este 2013 en la Frágil Arena Internacional.   

 El titular es ya de por sí lo suficientemente pretencioso como para dedicarle siquiera un aleluya.    

Vaya por delante mi reconocimiento ante el trabajo ímprobo que habrán desarrollado las cuatro mentes, en su afán por servirnos de luz y guía, incluyendo en el mismo paquete de premoniciones el violento escenario de las primaveras árabes, al que alguno de ellos ha contribuído intelectualmente de forma más que generosa.

Bajo el epígrafe El Mundo Árabe y el titular Avances a trompicones, los Cuatro Jinetes firmantes obvian el Apocalipsis terrorista que azotó a Libia y hoy a Siria, para dedicarse a edulcorar la intervención armada occidental (primero la OTAN y en segundo lugar el asesoramiento, financiación y suministro de armamento de todo tipo por quienes dirigen la Organización Terrorista), bautizando la situación como de “confrontación militar”, mientras que adjetivan como “política” la que acontece en Egipto o Yemen (los muertos y heridos deben ser diputados).

PARA LOS CUATRO PENSADORES, NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA, AUNQUE CAIGAN MILES DE INOCENTES
PARA LOS CUATRO PENSADORES, NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA, AUNQUE CAIGAN MILES DE INOCENTES

Algo se mueve en el alma del cuarteto, cuando reconocen sin embargo la “influencia de las potencias reaccionarias del Golfo” (Arabia Saudita y Qatar ¿solo?), cuyos regímenes colaboran de forma entusiasta en el exterminio de decenas de miles de personas inocentes, pero soslayan el hecho de que la potente cadena Al Jazeera (citada como veraz y objetiva por alguno de los cuatro analistas) manipule impunemente la autoría de tales desmanes. 

Hay otros golfos y otras potencias reaccionarias que no citan, a menos que para los analistas Marruecos encarne una democracia plena, como Emiratos Árabes, Kuwait, Irak o Bahrein.    

Se me ocurre que, al igual que un día alguien tuvo la ocurrencia de escribir un estudio titulado El Comunismo con sencillez” (libro de autoayuda, redactado con toda la buena intención), Alba, Zibechi, Juaristi y Lazkanoiturburu, bien podrían publicar a ocho manos y sendos pies, un manual en la misma línea que el citado, solo que con el título de “La Primavera Árabe, en tres líneas y cien invasiones, traducido a todos los idiomas que se les ocurra, que para algo son profetas y anolistos (variante escatológica aplicada a los pensadores que yerran y no lo advierten hasta dos años después). alba  

 Esbozo una sonrisa conmiserativa ante los párrafos que dejaré líneas más abajo, porque buena parte de lo señalado por el cuarteto no se le hubiera escapado ni a Mourinho, pero sí a esa izquierda anti-antiguerra cuya capacidad adivinatoria es tanta como la de Zapatero cuando se le apareció la Virgen de la Crisis en su casa de León y el muy tozudo se negaba a creer lo que tenía delante.   

 Miles de escritores, analistas y otros expertos supieron (y así lo anunciaron), mucho antes de que el Coronel Gadaffi fuera masacrado salvajemente a manos de los luchadores por la democracia en Libia, que la primavera era un otoño bestial que nada bueno traería al mundo árabe. Pero la guinda del análisis-pastel, sin duda, es la sentencia final.    

Para confirmar su talante autoritario e iluminado, con aire de quien cree saberse en posesión de la verdad única, de la infalibilidad en materia de política-religión-guerra-terrorismo-injerencia-sociedad-civilización, los cuatro firmantes aseguran que: “…habría que estar loco – o ser imperialista – para preferir que  no hubiera ocurrido”.    Incluyendo, tal vez, las miles de víctimas inocentes en Libia y las que mueren y aún caen en Siria?. 

Ahora resulta que Euskadi tiene que darle las gracias a Franco “porque él también ocurrió”. Pasen y lean, aunque resulte tragicómico

“Dos años después, podemos enumerar algunas de las consecuencias negativas de la «primavera árabe»: la confrontación militar (Siria) o la confrontación política (Túnez, Egipto, Libia, Yemen) han dado una nueva oportunidad a los grupos asociados a la franquicia Al-Qaeda, han aumentado la influencia de las potencias reaccionarias del Golfo (Arabia Saudí y Qatar) y desplazado la batalla por la democratización hacia una «guerra fría» entre sunnismo y chíismo, han llevado al gobierno (Túnez y Egipto) a partidos islamistas complacientes con el capitalismo, han fragilizado todas las fronteras nacionales y han producido una fractura en la izquierda árabe e internacional. ¿El balance es, por tanto, desastroso?

Todos esos efectos solo podían ser evitados manteniendo dictaduras feroces cuyo cuestionamiento ha abierto, en cambio, un abanico de potenciales transformaciones.

Desde el punto de vista geoestratégico, podemos señalar algunas: Israel se encuentra más aislada y desprestigiada que nunca mientras que Palestina refuerza su papel simbólico como capital y garantía del anti-imperialismo regional, EEUU recula en la zona frente a una nueva promiscuidad de alianzas cruzadas entre viejas potencias y potencias emergentes y se pone punto final, con veinte años de retraso, a la Guerra Fría y al siglo XX.

Pero desde el punto de vista político, un proceso que sólo puede ser largo apunta ya cambios impensables hace tres años: pueblos que se movilizan y organizan y que amenazan por primera vez el corazón de la bestia (los países del Golfo y Jordania), mujeres y minorías lingüísticas y nacionales que luchan por sus derechos, una izquierda que se sacude esquemas atávicos y reencuentra la calle, la emergencia al primer plano de una juventud reprimida y humillada, la refundación de una cultura que se inclinaba, fascinada o aterrorizada, ante el poder personal y que, a través del mito Bouazizi, se alinea con los perdedores y rechaza los despotismos.

El balance será aún provisional durante décadas. Pero habría que estar loco – o ser imperialista – para preferir que no hubiera ocurrido.

Los locos que vosotros señaláis, admirados analistas, gozan de salud mental. No es imperialista quien defiende el diálogo ante la soluciones armadas que impone el propio imperialismo, sino quien ayuda, comprende o prefiere que ese régimen (EE.UU. y Europa) masacre a pueblos y naciones impunemente, antes que hacer todo lo posible por impedirlo. 

Carlos Tena.

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