4 feb. 2013

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70 aniversario de la Victoria del Ejército Rojo en Stalingrado


Se cumplen 70 años de la gran victoria de la Clase Obrera en Stalingrado, que supuso el punto de inflexión en la derrota del fascismo, punta de lanza de la oligarquía.

Por Annie Lacroix-Riz, profesor emérito de la Universidad de Paris 7

Esta victoria tuvo su origen en la preparación de la guerra contra la URSS, que por parte alemana era inevitable: más aún, los militares franceses, por parte del último agregado en la URSS en  la estimación de Palasse, era valorada como una guerra razonable. En contra de lo que opinaba su ministerio (de la guerra), era difícil continuar la alianza franco-soviética del pacto tripartito (Moscú, París, Londres), que habría obligado al Reich a una guerra en dos frentes.

Para un observador de la economía de guerra soviética, el Ejército Rojo y el estado de ánimo de la población en 1938, declaraba que en la URSS, había una "confianza inquebrantable en su fuerza defensiva", para infligir severas derrotas a cualquier agresor. Como aseveración la guerra contra los japoneses en la frontera de la URSS, China y Corea en 1938-1939 (con Zhukov al frente). Palasse confirmó así su dictamen: explicó que Tokio se cuidó de firmar en Moscú el 13 de abril de 1941 un "pacto de neutralidad" que salvó a URSS de una guerra en dos frentes.


 Después del ataque alemán del 22 de junio de 1941, el primer punto de inflexión militar de la guerra fue la muerte inmediata de la  Blitzkieg (la guerra relámpago alemana).

 El general Paul Dean, delegado de la comisión del Armisticio en Vichy, anunció a Petain el  16 de julio de 1941: "Si gana el Tercer Reich en Rusia será debido a un cierto éxito estratégico, porque el giro tomado por las operaciones no responden sin embargo a la idea  que habían hecho sus líderes.

Ellos no esperaban una resistencia feroz por parte del soldado ruso, un fanatismo apasionado de la población como guerrilleros en la retaguardia produciendo pérdidas agotadoras, tan graves que hacían un vacío tan completo frente al invasor, así como dificultades de suministro y de las comunicaciones. Sin tener en cuenta su comida mañana, los rusos quemaban sus cultivos con lanzallamas en las aldeas, destruyeron el material rodante, saboteando las operaciones". 


Este general alemán que estuvo en Vichy durante la guerra, pensó seriamente que el periodo de transición de Francia hacia la autoridad alemana (aunque todavía se consideraba necesario esa autonomía) debería estar tutelado por los estadounidenses, como él escribió, "pase lo que pase, el mundo en las próximas décadas, deberá someterse a la voluntad de los Estados Unidos. El Vaticano, la mejor agencia de inteligencia en el mundo, se alarmaron muy temprano, en septiembre de 1941, de las dificultades "alemanas" y de esta forma convirtió a Stalin uno de los que lograron la paz junto con Churchill y Roosevelt."


El segundo punto de inflexión de la guerra fue la parada militar que la Wehrmacht iba a realizar en Moscú en noviembre-diciembre de 1941, que al no cumplirse afianzo el poder político y militar de la URSS, simbolizado por Stalin y Zhukov. Los Estados Unidos aún no había entrado oficialmente en la guerra.

El Reich impuso a la Unión Soviética una guerra de exterminio, pero los generales nazis jubilaron sus ideas en el Este, pues el Ejército Rojo demostró ser capaz de derrotar las ofensivas de la Wehrmacht, especialmente en el verano de 1942 cuando lograron triunfar en el frente por el petróleo del Caúcaso. Serios historiadores militares, incluyendo anglo-americanos, nunca traducidos y por lo tanto ignorados en Francia, escribieron más que nunca sobre lo que llevó a la victoria soviética en la final de la batalla que se inició en julio de 1942, "entre dos ejércitos de más de un millón de hombres".

Contra la Wehrmacht, el Ejército Rojo  ganó la "batalla feroz" seguida por los pueblos de la Europa ocupada durante la noche y en el mundo", comprobando la misma violencia de la Primera Guerra Mundial, por cada casa, cada torre de agua, cada cueva, cada pieza entre las ruinas. Esta victoria, escribió el historiador británico John Erickson, "puso a la URSS en el camino hacia el poder mundial", así como "Poltava en 1709 (ante Suecia) convirtió a Rusia en una potencia europea".

 La victoria soviética en Stalingrado, convirtió a los militares soviéticos como maestros del arte de la guerra, así fue entendido por el pueblo soviético como el tercer punto de inflexión de la guerra, cuestión tan evidente que la propaganda nazi ya no podía ocultarlo.

 Las bajas fueron directamente una cuestión analizada en la post-guerra, preparada y  enriquecida por los Estados Unidos, en su guerra contra la URSS, pues las pérdidas soviéticas fueron considerables hasta el 8 de mayo de 1945. Las estadísticas generales de los muertos en la Segunda Guerra Mundial demuestran su contribución al esfuerzo militar general, y al papel que representó en los sufrimientos de esta guerra de desgaste: de 26 hasta 28 millones de muertos soviéticos (los números no dejan de ser reevaluados) aproximadamente desde los años 50, más de la mitad de ellos civiles. Hubo menos de 300.000 muertos de Estados Unidos, todos en los frentes militares de Japón y Europa.

 Esto no es un insulto a la historia como se señaló en los Estados Unidos, amos ricos y poderosos de las secuelas de la guerra, que no pudieron derrotar a Alemania y ganar la paz, sólo porque la URSS había infligido una derrota abrumadora a la Wehrmacht. Este no fue el "General Invierno", quien les había derrotado, quien no impidió que la Reichswehr en 1917-1918 saliese victoriosa en el Este.

Francia confirmó la rusofobia, obsesiva desde 1917, cuando lograron la hegemonía los bolcheviques, olvidándose de la debacle de mayo-junio de 1940, y cuando no honraron a Rusia en el 60º aniversario del desembarco de Normandía el 6 de junio de 1944.

El tema del rescate de EE.UU. a "Europa" se ha convertido con el paso de los años en la celebración de ese aterrizaje. Los más viejos de nosotros sabemos, incluso cuando no somos historiadores, que Stalingrado dio a la gente la esperanza de escapar de la barbarie nazi. A partir de esta victoria, "Esperamos que las informaciones de la batalla no sean tergiversadas y se venda el alma. Solamente es inquietante que su publicidad ideológica no la realicen las generaciones más jóvenes".

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